“En siete años -pensó Laurie-, todas las células del cuerpo se renuevan, incluso los recuerdos viven en un cerebro distinto. Esta no es la cara que vi, y estos no son los ojos con que la vi. Tampoco nosotros somos los mismos, pero sí una consecuencia de lo que éramos entonces. Sin embargo, estuve allí y ahora estoy aquí y este hombre, que a veces es como lo recuerdo y a veces un extraño que conocí en la fiesta del otro día, también es para sí mismo el yo que estuvo allí; su mente, en un cráneo distinto, ha retrocedido a un lugar que sus pies actuales nunca pisaron, y puede volver a sentir el dolor que sintió entonces.”
Fragmento de El Auriga, por Mary Renault.