A not-so-Charming Man's blog.

El auriga.

En silencio, como la noche borra la incierta perspectiva del camino que tienes por delante, las ruedas se quedan inmóviles en el polvo del lugar elegido para detenerse y las riendas caen de las manos flojas del auriga. Satisfaciendo su apetito cada uno con el pasto que les ofrece el lugar, ni el caballo blanco ni el caballo negro reprochan a su compañero por haber hecho salir a su amo del sendero. Ambos están lejos de casa y se encuentran solos, y prolongado por su rivalidad, el camino ha sido arduo. Ahora sus cabezas penden una junto a otra hasta que sus largas crines se entremezclan, y cuando la voz del auriga se apaga se reconcilian para dar paso al sueño de la noche.

MR

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